martes, 29 de diciembre de 2015

Oscuridad

Cuando vuelva oscuridad
y la sangre nos consuma,
y la noche no nos deje respirar,

cuando vuelva oscuridad
y vea el café de tus ojos
muerto donde antes estaba la luna

dejaré que las flechas 
atraviesen mi garganta,
rezaré al mismo silencio,
sangraré,

miraré hacia ese lugar
donde nuestras almas se unieron
y alguna vez
pudimos evitar compartir el mismo final.


lunes, 14 de diciembre de 2015

Una estrella a la que nunca le lloraron

Alma suya dónde el cielo se cernía
cuyos sus ojos infinitos le surcaron
en la niebla de su cuerpo la ironía
cuando noche sobre un sauce la besaron.

Como un vals que trabajara melodía
sobre el cielo tintineante la dejaron
sola, triste, blanca, vieja, en agonía
una estrella a la que nunca le lloraron.

Era dulce, como la melancolía,
mas sin versos no muy pocos le adularon.
desde el astro de sus labios se cernía
un lugar del que los dioses renegaron.

Fue en el mar donde su cuerpo curaría
cada rezo en el silencio que ignoraron
cada huella, cada beso en su abadía,
cuando noche bajo un sauce la violaron.

domingo, 8 de noviembre de 2015

domingo, 9 de agosto de 2015

martes, 28 de julio de 2015

&

Ven, tropieza
corrompe el féretro de mi jardín.
Besa mis flores,
hazlas sangrar.
Delata mis llantos 
si prescindo de recordar
cuando vivo te amaba
y muerto 
buscaba
bajo mis venas el infinito vano 
de la tristeza y el color carmín.

miércoles, 10 de junio de 2015

Sin respuesta

I

Me pregunto cuántas veces 
dejó tañer 
ese maldito
reloj despertador.

Me pregunto si estuvo 
el tiempo suficiente,
si corrió a la habitación
si encontró la alarma encendida
si lo supo al instante.

Me pregunto si lloró.

Me pregunto cuantas veces
tuvo que escuchar 
horrible, interminable 
el sonido de cada mañana,
para darse cuenta
de que nunca había podido 
saber como terminaba.

II

Apagas el ruido.
Te lavas los dientes.
No demoras en vestir
ni cinco minutos.

Yo lo hubiera sabido.

Me pregunto cuántas veces 
dejé de verte,
y cuántas veces
me he quedado.
Me pregunto 
si yo hubiese llorado.

miércoles, 11 de marzo de 2015


Un ardor constante en el pecho, rodillas frágiles, manos temblorosas, los latidos del corazón cada vez más lentos. Ya eran sensaciones habituales.
Esa tarde, sin embargo, las mariposas en su estómago se volvieron en su contra, y todo aquello que había experimentado desde hacía cuatro días dio con el límite y la tumbó en la cama a llorar.
Después de varios minutos, de lágrimas y arcadas, dejó de respirar.
Sus ojos se apagaron, sus labios temblaron una última vez. Despacio, mientras se iba, comprendió que nunca fueron síntomas de amor, sino de un lento envenenamiento.


sábado, 28 de febrero de 2015

Si la muerte se esfumare
y te volvieras eterno
aunque no pueda verte
¿Me arriesgaría?

domingo, 1 de febrero de 2015

Como cuando un pulso 
se ata a otro
más frío,
y la piel comienza a cosquillear;

como cuando el silencio 
se vuelve un voto
un rezo
pagano, ciego, 
criminal;

como cuando un beso 
se guarda
arde
muere 
en un desierto cualquiera;

como cuando las almas 
se abrazan
se cortan
y se amargan en la boca
como el sabor de la sangre;

como cuando un crimen 
se ata a otro
y otro
y entonces deja de importar;


exhalo, después de todo, mi primer adiós.

Por tantas vidas

Existió una vez, sólo una vez y para siempre, un amor tan abrazado a la tristeza que terminó por entristecer. 

La noche se enamoró del sol. De su sonido, de su calor, de su eterna mirada y sus besos a la distancia. 
El sol, ¿quién sabe? Quizá también se enamoró. 
Pero no estaban destinados a ser, porque el uno sin el otro existían en el eterno dolor de no poder existir el uno con el otro.
Mañana tras mañana, por un pequeño instante, los amantes se tocaban. Pero, al primer roce, ella tenía que morir. El sol sufría, aceptando por tantas vidas un ligero contacto que significaba todo, que coloreaba de rosa la herida de la noche. La noche sufría, llevando consigo por tantas vidas una llaga sobre su piel que sólo podía significar un beso más de aquel que tanto amaba. 
Ella siempre volvía, tomando el sufrimiento que todo contacto significaba, muriendo una vez más sólo para sentir cerca al amor otro segundo. 
Ella sabía que siempre volvería, él sabía que siempre estaría ahí. 
Se habían enamorado no sólo del roce, sino también del dolor que había detrás.

Y así, a través de tantas vidas, la tristeza se encontró tan abrazada al amor que terminó por enamorarse. 

miércoles, 14 de enero de 2015

Soy eterno cielo
y de una estrella su voz.
Noche, una.
Soy eterno resplandor.
Soy mi boca en tu poesía,
soy la poesía de tu adiós,
y de día 
de día, dos.

miércoles, 7 de enero de 2015

El fantasma de un ángel hecho de luz de sol

En el tren subterráneo de Londres, cerca de una estación que presagiaba fortuna, el joven de ojos estrellados conoció el amor.
Era una chica menuda, de ojos castaños y una mata de cabello rebelde del mismo color. Tenía una caja de cartón sobre las piernas, de donde sacaba con nerviosismo pedacitos de pan azucarado que no se llevaba a la boca. A pesar de sus ojos tristes, la muchacha irradiaba luz como nunca había hecho el sol, con un fuego tan sólido que casi podía olfatearse. Él apenas podía creer la manera en la que el ángel le arrancaba el aliento y podía pasar tan desapercibido para el resto del mundo.
El tiempo pudo haberse detenido, pero no lo hizo. Y no fue hasta atravesar un par de estaciones cuando el silencio cobró sentido, cuando los ojos de estrellas, que tantas eternidades esperaron, fueron por fin besados por el infinito calor de los ojos soleados a un asiento de distancia.
Ella sonrió, pero no demasiado, antes de levantarse y desaparecer a penas se abrieran las puertas del vagón. No sin antes dejar la caja de cartón sobre las piernas del tan conocido desconocido con los ojos estrellados.
Fue quizá ese segundo en la vida del que persigue un sueño, el más largo y aterrador. Porque él no podía imaginar sus próximas exhalaciones si ella se perdía para siempre, porque había una carta sellada y repleta de brillantina en el sitio que el ángel acababa de dejar. Como si la tierra gritara en una desesperada oportunidad de dejarle correr tras ella.

"¡Ángel!" Llamó con su último aliento, también plagado de estrellas.
Se cerraron las puertas del tren, pero él ya lo había dejado atrás.
"Ángel".
"No soy un ángel".
La tierra se sacudió, y mientras el sonido de su voz se disipaba en el aire, como si no hubiese sido suficiente para alterar el equilibrio de un sólo hombre con los ojos de estrellas, una mirada que parecía derramarse desmintió sus palabras.
"¿Qué eres?" Preguntó casi en un susurro.
Ella tardó en responder, mientras sus manos secaban las lágrimas que habían logrado bajar hasta sus mejillas.
"Es un secreto".
Él asintió, ahogando su curiosidad, casi volviendo a la realidad. Casi.
"¿De verdad eres tú?"
"De verdad".
Sacó la carta de sus bolsillos. Tenía una esquina doblada y un montón de preguntas adentro, aunque eso él no lo sabía.
"Creo que es tuya".

Volvió a temblar. Era ella, o la tierra, o el universo entero, una vez más y con una fuerza que podía quebrar el océano. 
"De verdad eres tú".
Esta vez ella no intentó secar sus lágrimas, las dejó correr. Tampoco cuidó que su sonrisa fuese ligera, la dejó escapar. Y fue brillante, cálida. Entonces él supo que el resto de sus días serían fríos sin esa sonrisa.
"De verdad". Repitió, sonriendo también.
"Es tuya". Dijo aquella con los ojos como un atardecer, dejando en las manos ajenas, que tanto quería como suyas, la carta con brillantina. Aquel roce fue un relámpago, fugaz e intenso. E incluso así, cálido.
Pero ella no se dejó sujetar. Corrió, se esfumó. No le dio tiempo de mirarle desaparecer.
Casi volvió a la realidad.
Casi.

Y tras un rato mirando al vacío con la garganta hecha un nudo, se dio cuenta de que de no ser por una caja de cartón bajo su brazo, llena sólo de migas de azucar, aquel trozo de papel estrujado en sus manos, y la promesa ahí escrita de volverse a ver, el joven con estrellas en los ojos hubiese terminado por creerse loco. Porque, ¿Quién podría enamorarse, aún sin haber llegado al final del mundo, del fantasma de un ángel hecho de luz de sol?

"No me busques en tus sueños, 
tremenda pesadilla que soy.
Búscame en el cielo,
en las tardes de sol.
Volveré.
Esta vez volveré".