lunes, 14 de diciembre de 2015

Una estrella a la que nunca le lloraron

Alma suya dónde el cielo se cernía
cuyos sus ojos infinitos le surcaron
en la niebla de su cuerpo la ironía
cuando noche sobre un sauce la besaron.

Como un vals que trabajara melodía
sobre el cielo tintineante la dejaron
sola, triste, blanca, vieja, en agonía
una estrella a la que nunca le lloraron.

Era dulce, como la melancolía,
mas sin versos no muy pocos le adularon.
desde el astro de sus labios se cernía
un lugar del que los dioses renegaron.

Fue en el mar donde su cuerpo curaría
cada rezo en el silencio que ignoraron
cada huella, cada beso en su abadía,
cuando noche bajo un sauce la violaron.