lunes, 27 de junio de 2016

Los labios se hunden siempre en el mismo lugar. Por arriba, donde se juntan tímidamente como un par de peces amodorrados. Por abajo, como los huecos de la luna, escondidos. Siempre en el mismo lugar, cuando están secos y necesitan que se les posen las mariposas y los reflejos del jarabe para la tos.

sábado, 25 de junio de 2016

Hijos de nadie

Salimos de casa
tan huecos, tan absurdos,
hijos de nadie, 
con las manos podridas
y los ojos recién nacidos.

Salimos de casa
nos hacemos ríos
nos pedimos flores.

Aguantamos 
con los dientes rotos
la garganta enredada,
las rodillas verdes,
los cuerpos burdos.

Salimos de casa,
tan ausentes, tan locos,
hijos de nadie,
con la muerte detrás de la lengua;
hijos de dioses,
que repudian la eternidad.

Y salimos de casa, 
nos hacemos ríos,
nos pedimos flores,
y nos consumimos
en flores y en ríos.

Con las ropas sueltas, sueltas
el último adiós furtivo
y te dejas la luna en la cara
y las muñecas claras, tersas
y en las muñecas marcas, marcas
de la sed de tu dios mendigo.

viernes, 17 de junio de 2016

Ropa de nadie

I

Si venimos, vas
y si nos vamos nos morimos de terror.

Mientras te vas
bebemos,
y nos beben,
y nos quitan la ropa

Se comen el aire
vienen
y nos morimos de terror.

Y te vas
y no me encuentro 
y no puedo beber.

No puedo, no puedo

No puedo romper 
mi vestido.

No puedo bailar
descalza.

No puedo irme
No puedo pasarme el cepillo.

II

Y si vienes, voy
y si me voy
no me encuentro,
y si te vas

nos morimos de terror.


jueves, 9 de junio de 2016

El enfermo

Se llevaron al niño a las tres de la mañana, dormido, metido en una fea carroza para que nadie supiera quién, de dónde o a dónde viajaba. 

A las cuatro de la tarde uno de los perros del rey había metido la cabeza por el hueco de la conejera, alcanzando con los dientes al animalillo más blanco de todos. La paja en el suelo estaba brillante de rojo cuando el conejero se dio cuenta. Le dijo al rey en la audiencia de las cinco de la tarde. No recibió respuesta, ni un resoplido, ni la acostumbrada cabezada que daba por terminada la audiencia.

A las diez de la mañana el niño despertó. Rezó como todos los días, comió como todos los días, salió a los jardines como todos los días. No había sudores ni rastro de su frecuente dolor.

A las siete de la mañana el rey visitó a su hijo, que balbuceaba aún en sueños, enredado entre las sábanas. Lo miró con cuidado y se dijo que esa criatura de mejillas hundidas sería quien al final del camino tomaría su lugar en el trono, comería de su lado de la mesa y escucharía las mismas solicitudes de unos súbditos extraños y nuevos. 

"No, no, no te lo comas. Déjalo, aléjate de mi conejo. No. No... deja deja DEJALO" El niño empezó a llorar en sueños, el padre le puso la mano en la frente, sin saber que hacer. 

Las fiebres estaban empeorando.

A las once de la noche el médico revisaba al niño, con aparatitos extraños y la mano desnuda puestos en su carita. Sudaba, se retorcía, estaba enfermando de nuevo.

"Por favor, por favor favor favor... no mates a mi papá, no lo mates, no lo NO LO MATES".

A las tres de la mañana se llevaron al niño, dormido, metido en una fea carroza para que nadie supiera quién, de dónde o a dónde viajaba. A las cuatro, en una casita muy muy lejos del castillo, una bruja de boca arrugada vaciaba tres gotas de agua turbia en la boca del niño dormido.

Regresaron al castillo a las cinco de la mañana, pero ni a las seis, ni a las diez ni a las doce o la una de la tarde el niño volvería a despertar. No para rezar, o para comer, o salir al jardín y hacer que estaba curado, como todos los días.

miércoles, 8 de junio de 2016

Cuerda

Impío en lo profundo,
de tu creación y tus brotes redondas,
me dejo las uñas y,
como sueño al mundo
me provoco arcadas

me curo, me dejo,
broto.

A lado de un vivo,
sobre las muelas,
bajo los riñones, 
florecen los críos
que mueren 
de frío

y se pierden,
y te pierdo,
y yo
como sueño al mundo
me provoco arcadas.

Fluyo, fluyo
desde mi creación,
desde la tierra,
y me dejo la boca
con la boca
del universo.

Y como un cuerdo
te enredo
te respiro,
desde la luz de tu rebrote fiambre.

Y yo 
insano,
frágil,
sueño al mundo: aberración
y como sueño al mundo
me provoco arcadas.