sábado, 10 de junio de 2017

In my darkest / wildest / sacresdst
fantasies
I hold your hand
I kiss it.

--

En mis más oscuras / salvajes / sagradas
fantasías
sostengo tu mano
la beso.

He said I was red

Él dijo que yo era roja,
y me hizo sentir
que no había rojo más brillante,
que la sangre
lucía enferma en comparación,
que las luces
no podían iluminar suficiente,
y que yo
era el fuego incendiando su habitación.

---

He said I was red
and he made me feel
like there was no brighter red
and the blood was sick compared
and the lights could not shine enough
and that I
was the fire burning his bedroom down.

domingo, 21 de mayo de 2017

Me siento y echo a un lado las rodillas,
me duele debajo de la costilla,
me preparo para saltar,
mientras escribo un poema torpe,
y no creo que sea suficiente,
para hacerme creer de nuevo
que era imposible
ver un espejo negro
y volver a pensar en ti.

viernes, 21 de abril de 2017

Me rompes,
sin querer,
me rompes,
y me dueles,
me rompes,
tanto
que cuando es de verdad
me rompes
y ya no duele.


jueves, 30 de marzo de 2017

Primer pensamiento de una noche cualquiera

Las luces en la noche
son todas rojas,
sin luna,
lo juro,
son todas rojas.

En el retrovisor,
en la radio,
en el semáforo,
en los autos,
los aviones,
las antenas...

Lo juro,
son todas rojas.

Todas las luces,
como si fueran la sangre
que mantiene vivas las calles.

Todas las luces
excepto yo.

Yo soy azul,
y pálida.
Yo tengo los pies fríos
de andar
sin pertenecer.

Y lo juro
de noche
cuando se apaga el cielo,
lo juro:
te extraño.


Nada mío

Hoy bailé bajo la luna nueva,
con ella dentro,
la luna escurriéndose entre mis piernas,
la oscuridad envolviéndome 
sumergida
entre las luces del teatro.

Hoy bailé,
sangré,
sagrada,
me desnudé
y desnudé los bosques,
templos,
cárceles,
vertederos.

Hoy
me quedé ciega,
hoy todo fue efímero,
nada completo,
nada mío.

Hoy fui
muerte,
y no quedó nada real.

domingo, 19 de febrero de 2017

Aunque teníamos dos años de conocernos, fue hasta ayer que descubrí que le quería. Ocurrió durante la noche, mientras lo dejaba llorar sobre mi hombro y escuchábamos Cigarettes after Sex unidos por los mismos audífonos. Recuerdo que le peinaba el cabello con los dedos, mientras intentaba reunir el valor de pedirle bailar.
Estábamos borrachos, cansados, muy frágiles, y después de un par de horas, no recuerdo cómo, nos quedamos dormidos. 
Nunca bailamos. Tampoco llegué a saber por qué lloraba. Jamás, en toda la noche, dijo una palabra, y yo no me atreví a deshacer el silencio. Ni siquiera a la mañana siguiente, cuando le vi dejar la cama y desaparecer por la puerta de entrada.

"Perdón por el desastre. No espero compensar nada" decía la nota que encontré en la mesita de noche minutos después, a lado de dos mil quinientos pesos. Los conté, más por costumbre que otra cosa. Dos mil quinientos pesos. Por el desastre.

Miré en la habitación por un largo rato, cruda y somnolienta. Todo estaba en su lugar. Todo excepto mis calcetines en el suelo y la papelera a rebosar. Todo excepto la repentina certeza: le quería. Y el vomito, que vino enseguida. 

Lo saqué todo, sobre la alfombra. Todo. El vodka, la mitad de mi estómago, el maldito cariño repentino que no debía de haber estado sintiendo.

Casi todo.