domingo, 28 de agosto de 2016

Hiperposibles

Termínome en tus manos
de humo,
completa
principio mío,
interrible,
colecciono te
hasta la sintomatía
del amor complejo. 

Créome inexplicable,
inexistente,
de ti terminante
principio,
desgarrándote
hiperbesándote,
e indivisibles,
nos
sintetizamos.

Hacemos nos,
entrañas,
sinfinal mío,
antitangible.

Nos habemos
tan imposibles,
tan híperposibles.

Somos
hasta la corrupción 
completamente nuestros.


martes, 23 de agosto de 2016

Nos somos

Respirábamos
azules todos,
y yo pensándote,
en cada parte, 
de la boca al ombligo,
del ombligo al alma,
del alma al tacto,
del tacto al verso,
como me eres.

Y yo
del silencio vulgar,
azul toda,
fingiendo que no te pensaba,
que estoy
del verso a la nada, 
cuando de la nada al verso, 
del verso a tu boca
y de tu boca al sol
te soy.



jueves, 18 de agosto de 2016

Nada

Hubo una vez en la que me descuidé las clavículas y éstas desaparecieron.
Me crecieron ramitas en su lugar, y de las ramitas salían flores, y de las flores, que parecían las más bonitas del mundo, naciéronme frutas atroces.
Olían a nada, sabían a nada, se sentían como nada, pero mordían. Me sacaron sangre muchas veces, de la cara y las manos, y no sabía como quitármelas de encima.
Me dolía siempre: toda esa nada comiéndome la piel hasta dejarme desnuda, en los huesos, y luego hueca. Luego hecha de nada.

Hubo una vez en la que me descuidé las clavículas y me convertí en nada, y no quiero siquiera imaginar lo que hubiera podido ocurrirme de haber descuidado los huesos de las caderas.


sábado, 13 de agosto de 2016

Un ángel descompuesto

Los dedos de Elba le despertaron, recorriéndole la cara tímidamente: ojos, sienes, mejillas y boca. Como besos.
—Ángel, luces como un muerto —Susurró dolida.
El ángel abrió los ojos, encontró los de Elba, se encontró en ellos pálido y tembloroso. "Los muertos no tiemblan" quiso decirle, "no estoy muerto". Pero estaba descompuesto y no le quedaba suficiente voz. Quería sonreírle, confortarla.
Quería, pero él era sólo un ángel.
Elba encontró en los ojos del ángel lágrimas y monstruos, como los de un vivo. Quería salvarlo, y también, secretamente, quería ponerle un beso en la piel. En vez de eso, pensando que era lo único que podía hacer y olvidándose por varios eternos segundos de que él era un ángel, se inclinó sobre su cuerpo frágil y arrodillado, para rodearle la espalda con los brazos.
Sintió el calor de su aliento en el cabello, el peso de su barbilla contra su hombro, el tacto suave de su piel desnuda... Las alas.
—Ángel, tus alas...
Las alas, viejas, ennegrecidas por la herrumbre, se cayeron pluma a pluma sobre el pavimento y sonaron huecas como campanillas. Elba se estremeció. 
"No estoy muerto" quiso el ángel decirle al oído, "soy como un vivo". 
Quiso, pero él no era nada más.
Y como el sol al atardecer ambos se hicieron calor antes de desaparecer para dejarse oscuridad, se estrujaron el alma, se enfermaron. El ángel se detuvo en pedazos, parte por parte, engranaje por engranaje. Después de varios eternos segundos ella sintió por fin el peso completo recargado en su cuerpo, el peso desprovisto de alma de la maquinaria metálica, oxidada. Pero no lo soltó, ni cuando sus brazos se entumecieron, ni cuando la lluvia le borró las lágrimas de la cara, ni cuando descubrió en el agua del suelo que sus manos estaban sangrando. Jamás lo soltó.
Y nunca nadie como ella se hizo tanto daño por olvidarse de que había estado abrazando sólo a un ángel. Un ángel descompuesto y nada más.


viernes, 12 de agosto de 2016

Te erizas
me encuentro y
donde tu lengua brilla
sabemos
que no.
No nos hemos quedado.

-

Me sabe la boca a barro,
regreso a casa temblando,
otra sangre que me quema las rodillas
otros besos
se retuercen debajo del colchón.

martes, 9 de agosto de 2016

Alimañas

Éramos un par de perfectos ataúdes
de madera reluciente,
cubiertos de flores
y de huellas dactilares.

Éramos un par de perfectos ataúdes
acojinados, incómodos,
llenos de carne sacada del congelador.

Éramos un par de perfectos ataúdes
de espectros,
sin alma,
con los huecos rellenos de oro.

Éramos un par de perfectos ataúdes
hasta que me llené de arañas,
gusanos,
paja,
y me arrojaron al pantano por las asas plateadas.

Éramos un par de perfectos ataúdes,
y dejamos de ser cuando me oxidé,
me cubrí de bichos, de moho, 
de pájaros carnívoros,
de peces.

Éramos un par de perfectos ataúdes,
pero me hice añicos en el agua,
me hice entera,
caótica,
viviente,
me hice balsa de alimañas.