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Mostrando entradas de septiembre, 2016

Los abominables

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Después de tanto tiempo, los seres más inmensos del mundo se dijeron por fin que se amaban con todo su ser, y se sintieron tan pequeños cuando nada pasó después. Se hubieran entrelazado las bocas, besado las manos y acariciado los ojos infinitos durante un millón de eternidades, y a partir de ese momento hubiera nacido el universo. Pero nada pasó.
Nunca la ausencia de cuerpo los había hecho tan abominables.

A veces te

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Amigo, a veces nos extraño
vueltos luciérnagas en la oscuridad de las sábanas cargando nuestras manos nerviosas encontrados a una luna de distancia, sabiéndonos estrellas.
Teniéndonos enfermos de estar no teniéndonos.
Amor, a veces te amo microscópicamente, hasta el infinito y obligado, a veces, a extrañarnos.

Luz pura

El eterno se crea a la mitad del invierno, encerrado en una habitación con la más inmensa soledad. Se queda en cama uno o diez días, mientras le crece la barba y hasta que una mañana la luz del sol entra por la ventana, lo suficientemente espléndida como para despertarle, blanca como no la hay en ninguna otra estación.
Le toca la piel, los ojos, las uñas, y lo desnuda completamente. Las sábanas se resbalan como agua, mientras despacio, sujeto por el vacío desde la pelvis, su cuerpo se despide de la gravedad y flota en el aire a la mitad de una habitación vacía, intentando respirar. 
Ahí arriba todo es diferente: las extremidades colgando con la gracia que jamás un mortal podría andar, la belleza expuesta por primera vez en una vida, el infinito silencio.
Por dentro, los pulmones se comprimen, el corazón se acelera, su garganta seca se abre y se cierra como la de un pez fuera del agua y todos los músculos del cuerpo duelen como si se quemaran. Ahí arriba el cuerpo agoniza y se desprende…
Un cuchillo en la boca me alcanza las viseras, corrompe al amor imaginario y acaricia el umbral de nuestro único ser entre la redención  y el exterminio.
Era una vez una estalagmita y una estalactita que estaban irremediablemente enamoradas, así que esperaron un millón de años para poder tocarse.
Dos destruimos la ciudad con fuego. Nos besamos después
para destruirnos con algo peor.