miércoles, 12 de junio de 2013

El invierno cae así como todas las hojas, sólo el viento que las lleva sabe a donde pararán.
Ojalá algún día pudiese saber a donde se fue tu voz, porque te marchaste tan de prisa que a penas descubro tu ausencia.
Y mientras te pierdes en la tierra, mientras reprimo suspiros, me puedo dar cuenta que las calles ya no huelen a flores, -Pero en realidad -pienso- ¿cuándo lo hicieron?

"Una vez, una sola, dulcemente amoroso,
en mi brazo tu brazo
se apoyó. (De mi alma el fondo tenebroso
guarda el pálido trazo.)"

Mis manos se mecen sobre mis piernas, ansiosas, como si tuvieran que aferrarse a algo, algo que es tan sólido como tus manos.
No eres la primera persona que se va, mis ojos están ya bien acostumbrados al llanto.
Leeré las viejas cartas, acariciaré recuerdos y dejaré que mis silencios sangren, porque solo así se alivian las pérdidas.
 Miro hacía arriba, porque el suelo, que es gris como mi alma, ya no me dice nada. Un arbol protege mi cabeza, tan seco y triste que deja caer su última flor blanquecina.
¿Es que el la tierra comparte mi pesar? ¿o es solo el clima que eriza la piel de mis brazos desnudos?
-Ojalá -pienso- que te despierte en las noches el calor de mis sueños, y por las tardes, la más pequeña ráfaga de viento, despeine tu cabello y se lleve mi alma.